Un martes cualquiera te llega un correo. Es de un grupo industrial que conoces de nombre, de esos que compran empresas en tu sector cada par de años, y quieren platicar. Firmas la confidencialidad, mandas información, pasan unas semanas. Llega una oferta indicativa con un número.
¿Es bueno?
Ni idea. Y ojo, conoces tu negocio mejor que nadie: qué cliente paga tarde, qué proveedor te salva en diciembre. Lo que no sabes es cuánto vale para alguien que no eres tú. A casi todos los dueños de PyME con los que platicamos les pasa lo mismo.
El activo más grande de tu vida no tiene precio
Cerca del 90% del patrimonio de un dueño de PyME está metido en su empresa. Y el 96% no sabe cuánto vale. O sea, lo más valioso que tienes es justo lo único a lo que nunca le has puesto número.
Tampoco es flojera. Una valuación formal se tarda semanas y cuesta varios miles de dólares; tiene sentido cuando ya decidiste vender, pero casi nadie está ahí todavía. La pregunta suele ser mucho más modesta, algo como “¿esto tendría sentido?”, y nadie suelta miles de dólares por una duda. Entonces el hueco se llena con lo que haya: el número que te dio tu contador en una comida o, mi favorito, el múltiplo que salió en una nota de Rappi aplicado tal cual a una distribuidora en Guadalajara.
“Lo más valioso que tienes es justo lo único a lo que nunca le has puesto número.”
Llegar alto o llegar bajo
Si llegas alto, el deal se cae en la primera plática de precio. Tú traes un número que nunca validaste, el comprador trae su modelo, y la distancia es tanta que ya nadie quiere seguir.
Llegar bajo duele más, aunque nadie se entere. Aceptas la primera oferta porque te pareció mucho dinero y no tenías contra qué compararla, así que nunca hablaste con nadie más. ¿Y por qué iba a subir su oferta un comprador que sabe que es el único?
Parte del problema es que el comprador no ve tu utilidad como tú la ves. La normaliza: le regresa los gastos personales que pasan por la empresa, le descuenta un sueldo de mercado para el director (que muchas veces eres tú, cobrando de menos) y quita lo que no se va a repetir. Encima, los múltiplos en México son más bajos que en Estados Unidos. Por eso una valuación seria te da un rango y no un número exacto.
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Adquiere nació de una venta que no se concretó. Una nuestra. Valora es la herramienta que nos hubiera gustado tener entonces: en unos 15 minutos te da el rango en el que está tu empresa hoy, con supuestos del mercado mexicano y calibrada con transacciones privadas. No pide auditados ni que le mandes papeles a nadie.
Cuando ya hay un comprador serio, una valuación formal sigue haciendo falta. Valora es para antes, cuando todavía hay tiempo de mover el número. Con tres años por delante el número se trabaja; con el comprador ya sentado enfrente, nada más queda negociar.
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